sábado, 9 de septiembre de 2006

Conflictus Veris et Hiemis. Un acercamiento.


El Conflictus Veris et Hiemis (texto latino y traducción al castellano aquí) es una altercatio en cincuenta y cinco hexámetros entre la Primavera y el Invierno, que tiene como testigos a una pastorum turba piorum encabezados por el joven Dafnis y el viejo Palemón, quien ejerce como árbitro.

Sobre el autor, nada sabemos (si bien es cierto que se le ha atribuido a Alcuino de York o a un monje irlandés sin determinar). Sin embargo, en un breve, pero ejundioso estudio, Carmen Castillo concluye sobre esta cuestión que:

a. Conoce un amplio repertorio de poesía latina, del que ofrece un variado muestrario en su propia obra.

b. Escribe siguiendo una orientación culta, aunque es inevitable la huella de un latín que no es ya el clásico.

c. No es un creador, sino más bien un imitador con capacidad de asociación y con una cierta torpeza escolar.

d. Conoce el mundo en el que se desenvuelve Alcuino, los temas tratados en sus poesías, e imita la forma de expresión del maestro, como un discípulo aventajado. Pero sus conocimientos no han alcanzado aún la madurez y, por lo tanto, no pudo ser Alcuino, aunque sin duda fue un hombre cercano al docto anglosajón.


Pero no es ésta la única peculiaridad del texto:

El tema central del debate es la llegada o no del cuclillo, símbolo aquí de la primavera. Ciertamente, no es el ave tradicional para este menester ya que tal papel estaba reservado al ruiseñor. Sin embargo, sí que tiene un fundamento "científico", pues al menos tres auctoritates (Aristóteles, Historia de los animales, VI, 7; Plinio, Historia natural, X, 25 y Claudio Eliano, Historia de los animales, III, 30) dicen de este ave que aparece con el principio de la primavera y desaparece cuando la constelación El Perro es visible; es decir, a mediados de julio.

Por último, destacaría que la Primavera no es vista aquí tanto como la tradicional estación del amor, cuanto la época de la renovación y, por lo tanto, del trabajo (non veniat cuculus, generat quia forte labores); mientras que el Invierno se nos presenta como pauper inopsque superbus y, sobre todo, rerum prodigus, atrox.

En fin, curiosades de las que un espíritu más perspicaz que el mío obtendría interesantes conclusiones.

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