domingo, 15 de octubre de 2006

Vida en claro, de José Moreno Villa.

Es algo más que una autobiografía. Es, al mismo tiempo, una autorreivindicación y un análisis -bien que somero, pero no por ello poco interesante- de su obra.

Escrita, según él mismo confiesa, para su hijo (p. 263), repasa -con una prosa clara y precisa- su vida desde la infancia hasta su exilio mexicano en los años 40. Por aquí desfila parte de la intrahistoria de algunas de las cimas del 98 (Unamuno, Baroja, Azorín, Antonio Machado), del novecentismo (Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Eugenio D´Ors, Juan Ramón Jiménez, por supuesto), del 27 (García Lorca, Altolaguirre, Alberti, Emilio Prados, Cernuda, Dalí, Buñuel), del Centro de Estudios Históricos (Pidal, Solalinde, Alfonso Reyes, Américo Castro, Navarro Tomás). En fin, y en palabras del propio Moreno Villa, de aquel

centenar de personas de primer orden trabajando con la ilusión máxima, a alta presión. (p.141)

Pero como he dicho al comienzo, no es sólo un libro de memorias, sino también una reivindicación sincera de su puesto en la historia de la literatura española de la época:

Seguía teniendo fe en mis dotes poéticas, pero el instintome decía claramente que iba quedando oscurecido, entre dos generaciones luminosas, la de los poetas del 98 y la de los García Lorca, Alberti, Salinas, Guillén, Cernuda, Altolaguirre, Prados. (p.144)

A mí me invitaron los jóvenes a colaborar en aquel homenaje a Góngora, porque decían que en mí principiaba el movimiento moderno (...) (p. 154)

Y de su obra:

Resumen [de Garba, 1913]: Influencia del criticismo circundante y de sus hombres, los del 98. Problemas españoles, lirismo filosófico (heredado de los líricos alemanes y de Darío, los Machados y Unamuno, que a su vez lo bebió de los ingleses), temas hispánicos que desarrolló luego con gran aire Federico García Lorca y, finalmente, mis inquietudes amorosas y psicológicas en general. (p. 192)


La dificultad técnica de aquella obrita [se refiere a El pasajero, 1914] radicaba en lograr sostener la atención sin el cuento que han llevado siempre consigo los largos poemas. Yo no quería salirme de la lírica y echarme en la épica, que es narración versificada. La manera de resolverla fué desarrollar el poema en breves cantos dirigidos a un mismo fin. (...) Como esto era nuevo en España, lo entendieron pocos. En vez de escuchar la voz de éstos, atendí a la voz de la serpiente, que tildaba de barroca y confusa mi obra. Fuí débil y quise hacer otro poema claro, diáfano. Con lo cual me hice traición a mí mismo y no logré contentar a la serpiente. Me refiero a Luchas de Pena y Alegría y su transfiguración (1915). Hoy me resulta como un juguete sin resorte. Una alegoría ingenua y floja. La nota de alta intimidad lograda en el poema anterior se rebaja. En Evoluciones (1918) vuelven a dominar las circunstancias exteriores, la Historia del arte y los viajes arqueológicos. (p.197)


¿Qué hay de nuevo en Colección (1924)? Por lo pronto un deseo de ponderación y paz de ánimo. (...)

Este libro es muy rico en temas; contiene canciones, coplillas, sentencias, epigramas eróticos, poesías descriptivas, saludos y maldiciones de mendigos y gitanas, pero lo importante para mí ahora es destacar la tónica que lo informa. Y ella es de serenidad y tranquila melancolía.

(...) No puede estar más claro que la serenidad es aparente, externa o de tono. Por dentro va la procesión, como se dice vulgarmente. Acá y allá se descubre el sinsosiego (...). (pp. 198-200)


[En Jacinta la Pelirroja, 1929] quise apareciera algo del espíritu y la forma sincopada del "jazz" (...). Está compuesto de tres partes: una, dedicada a los encuentros y descubrimientos con Jacinta; otra, a iniciarla en la poesía mediante algunos poemas difíciles, y la última, al rompimiento. Todo ello alegremente, es decir, sin melancolía. El verso es bastante quebrado y con tendencia a ser hablado, no cantado.

(...) Hay en este libro bastantes flojedades, fáciles de suprimir. Los españoles de todos los tiempos somos más amantes de perseguir la emoción que la perfección. (p. 154 y p. 156)


Muy otra cosa son las Carambas [1931]. Casi todas están escritas en una cervecería madrileña, de nombre alemán, "Heidelberg". Están escritas dejándome llevar por la fuga de ideas, sin control, gozando de lo arbitrario y detonante, de lo dulce y lo irrespetuoso. (p. 158)



Nota: cito por la edición del Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1976.

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