sábado, 28 de octubre de 2006

El índice de Dios, de Roger Wolfe

En el relativamente tranquilo panorama de la joven poesía de los 90, entra como un elefante en una cristalería Roger Wolfe.

Tras cuatro poemarios1 y un libro de relatos2, el poeta se adentra en la novela con El índice de Dios (1993).

Se trata de una narración breve, ágil, adscrita -por supuesto- al "realismo sucio", de estilo gélido y duro (como esa estética fría del acero que gusta al protagonista [p. 21]), en la que predomina la primera persona.

En ella se cuenta la historia de un personaje anónimo y solitario que vive en una distopía moderna e industrializada y cuya vida3 es una sucesión de muertes, drogas sexo y... música clásica (vale sí, también rock & roll, pero menos). Cómodamente instalado en esta vorágine, todo se viene abajo cuando su proverbial habilidad para limpiar sus huellas en el escenario de un crimen hace agua o, por mejor decir, alcohol: identificados tanto él como su reciente compañera, no tienen más salida que huir:

(...) quinientos kilómetros más allá de esta autopista está el desierto. Y al otro lado del desierto, el Sur. Y en el Sur las cosas son distintas. (p. 163)

Notas:

  1. Diecisiete poemas, 1986; Máquina de sueños. Plaquette, 1991; Días perdidos en los transportes públicos, 1992 y Hablando de pintura con un ciego, 1993.
  2. Quién no necesita algo en que apoyarse, 1993.
  3. Al menos la del momento en que lo conocemos, ya que se nos insinúa que tuvo una anterior muy diferente:
    (...) todos mis libros convertidos en humo y al mismo tiempo ese otro yo que fui (...) (pp. 78 y 79)


Nota final: Las páginas 83 y 84 de este texto están dedicadas a la novela.
Nota ultimísima: Publicado directamente desde Google Docs & Spreadsheets.



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