domingo, 3 de febrero de 2008

Jacinto Grau

En agosto se cumplirá el cincuentenrario de la muerte de este autor. Como me imagino que para entonces la blogosfera educativa estará vacando, me permito -creo- abrir fuego:

Jacinto Grau (Barcelona 1877-Buenos Aires 1958) pertenece -junto a Unamuno, Azorín, Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Alberti, Bergamín y Lorca- al grupo de escritores españoles anteriores a la guerra civil que intentaron renovar el mortecino teatro de su época y a los que, en la mayoría de los casos, no se les ha reconocido el mérito de su apuesta.

Para Grau, el teatro es una de la manifestaciones más completas del arte. Su producción dramática se caracteriza por:
  • Su eminente sesgo trágico.
  • El enfrentamiento de los personajes mediante unos diálogos intensos, filosóficos.
  • La preocupación por la palabra y no por la acción.
  • La huida de la mediocridad y de la rutina mediante la búsqueda de lo difícil y de lo nuevo.

En consecuencia, no debe extrañarnos que, en general, considerara el panorama teatral español como una amable y a veces graciosa adormidera burguesa, debido a:
  • La falta de sensibilidad de los empresarios.
  • El sometimiento, la vanidad y la falta de buen gusto de los actores.
  • La plebeyización del género por parte de la crítica.
  • Los propios autores, más atentos al éxito comercial que al hecho artístico.

En la producción de Grau es fácil observar la influencia de una serie de escritores, que el mismo autor cita en sus prólogos. Quizá los más estimados fueran Nietzsche, Goethe, Poe, Shaw y Unamuno.

El caso del escritor vasco es especial ya que
  • es a él a quien dedica Grau la mayor parte de su labor ensayística;
  • su influencia es evidentísima
    • en El hijo pródigo (los paralelismos con Abel Sánchez son tan grandes que a veces se ha llegado a pensar en un plagio, imposible cronológicamente) y
    • en El señor de Pigmalión (en este caso, la relación es con Niebla y su personaje Augusto Pérez).

Si bien no es fácil clasificar una obra tan amplia, podríamos agruparla de la siguiente manera:
  1. Textos que desarrollan temas ya tratados por los escritores de nuestro Siglo de Oro: Las bodas de Camacho, Sortilegio.
  2. Aquellos que siguen el teatro de pasión y sentimientos internos de Echegaray: El mismo daño, Entre llamas, El Conde Alarcos.
  3. Dramas en los que se aprecia la influencia del teatro de Benavente: El tercer demonio, En Ildaria.
  4. Las obras escritas para ser representadas por la Compañía Teatro de Arte de Martínez Sierra: El hijo pródigo.
  5. Textos influidos por Nietzsche y Shaw: El caballero Varona, El burlador que no se burla.
  6. Los intentos de teatro expresionista: Los tres locos del mundo, La casa del diablo.
  7. El paralelismo con Pirandello de El Señor de Pigmalión.

De entre todas ellas, cabe destacar:

El conde Alarcos.

Su historia aparece por vez primera en un romance novelesco, que se conserva en dos pliegos sueltos (Sevilla hacia 1515 y Zaragoza hacia 1520). El texto, que tiene unas posibilidades dramáticas extraordinarias, fue "teatralizado" desde muy pronto: Guillén de Castro, Lope, Mira de Amescua, Pérez de Montalbán, Schlegel, el cubano José J. Milanés.

Grau, que escribió su versión en 1907 aunque no se estrenó hasta 1917, se muestra bastante fiel al romance (así, aunque la obra está escrita en prosa, reproduce en boca de los personajes algunos de sus versos); no obstante, a los tres protagonistas de la historia (la Infanta, el Rey y el Conde Alarcos), nuestro autor añade un cuarto: la Nodriza, quien provoca la tragedia con el fin de vengarse del Rey (mandó empalar a sus hijos) y del Conde Alarcos (hizo matar a su madre por bruja).

En Ildaria, escrita en 1913 y estrenada en 1917, el tema central es la soledad del héroe. Soledad que se muestra en dos planos y, por lo tanto, mediante dos acciones paralelas:
  • La del político Eprontas que deja el poder a fin de acometer una verdadera reforma moral de Ildaria, un Estado que va siendo ya sólo una concreción moral sin eficacia geográfica, porque todo él se desmaya en un sueño y envilecimiento progresivos. Dio al mundo obras maestras de un valor permanente, y vivió epopeyas heroicas. Fue una gran realidad histórica, y se ha ido convirtiendo en un país de lugar común, en un pueblo de cromo, imaginario y caprichoso.
  • La del hombre Eprontas quien es traicionado por su mujer y que, además, debe renunciar a su verdadero amor por causa de sus ideales.

El señor de Pigmalión.

Se estrenó en el Teatro Montmartre (París) por la compañía L'Atelier el 14 de febrero de 1923; también se montó en el Teatro Nacional de Praga, el 3 de septiembre de 1925. Ambos acontecimientos constituyen un hito en la dramaturgia de la época, puesto que las relaciones entre la escena española y Europa fueron escasísimas. Sin embargo, cuando se representó en España (mayo de 1928), tuvo muy poco éxito de público.

Es una farsa tragicómica de hombres y muñecos, cercana a la estética expresionista, en la que éstos se enfrentan a su creador. Aunque normalmente se la asocia con Seis personajes en busca de autor, de Pirandello, esta fuente es bastante improbable por motivos cronológicos. Más plausible es, como ya se ha dicho, la deuda con Niebla, publicada en 1915. No obstante, visto que a veces la relación que se establece entre autómatas y Pigmalión es la de esclavos-amo (Yo soy el hombre, el fuerte, el amo, el creador (...) vosotros no sois todavía más que (...) esclavos míos), también podemos pensar en acontecimientos históricos (la rebelión de Espartaco, por ejemplo) o en producciones pertenecientes a otros géneros literarios (la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley) como motivos inspiradores del drama.

Un tema secundario, pero importante, es el de la hybris, característico de la tragedia griega (y no olvidemos que para Grau el teatro es sobre todo tragedia): el hombre se alza orgulloso contra los dioses o su destino para ser derrotado por ellos o sucumbir a él. En la obra, se presenta en no pocas ocasiones de forma encubierta (cada vez que se identifica a Pigmalión con Prometeo, por ejemplo) y al final de manera explícita (Los dioses vencen eternamente, aniquilando al que quiere robarles su secreto...)

El texto se divide en dos grandes partes:

  • La denominada Jornada primera (o Prólogo en la edición de 1928), sirve -en esencia- para hacer una crítica al mundo teatral de su época y presentarnos a los personajes.
  • La segunda, que comienza con el Acto primero, es propiamente el drama de Pigmalión.

A mi entender, los personajes más importantes son:

  • Pigmalión, inventor que, buscando una raza más perfecta que la humana, ha creado una serie de autómatas a los cuales pasea con enorme éxito por los teatros del mundo. Enamorado de una de sus creaciones, pagará su vanidad o soberbia (como él mismo denomina su pretensión) con la vida.
  • Pomponina es el objeto del deseo de Pigmalión. Definida por el propio creador como belleza inútil y perfecta, es egoísta, casquivana y sólo atiende a sus caprichos. Ni siquiera al final, cuando se compromete con Don Lindo, es capaz de asegurarle fidelidad: DON LINDO. (Abrazando a su muñeca.)-No tengas ya más amores que conmigo, Pomponina mía. POMPONINA.-Haré todo lo posible, Lindito.
  • Urdemalas representa el mal y la tentación. Así, en un par de ocasiones se le llama Mefisto y en la escena sexta del acto tercero en la acotación se dice que habla silbando las palabras, insinuante y persuasivo. Es quien planea la fuga de los muñecos, quien convence a sus compañeros para hacer frente a Pigmalión y quien atenta contra éste.

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